Después de todo, la ilusión es = 0.
Sumando los costes fijos el beneficio era positivo... pero por desgracia olvidé añadir los costes variables. Un simple dato me ha obligado a obtener un resultado negativo. Así, aunque el balance inicial era de expectativas buenas fallaron los cálculos finales.
Las pérdidas han sido superiores y por tanto mi empresa se ve en la necesidad de cerrar sus puertas. Asumí un riesgo defendido por ciertos autores clásicos, pero he hallado un valor económico mucho menor.
Finalmente se deduce, que aparentemente el empresario no importa en esta vida, ni es un cuarto factor productivo ni tan siquiera es alguien importante... soy una más, aunque haya luchado por intentar destacar y salir a flote...
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