martes, 25 de febrero de 2014

Ron con Coca-Cola.

La media naranja...¿No existe?
Toda persona tiene a otra predestinada, y siento ser clásica, pero en esta entrada seguiré el patrón de hombre y mujer. Y eso sí, partiendo de la base, de que ni el amor, ni mucho menos el individuo, son perfectos.

¿Mujeres? Somos complejas. Es evidente. Querernos ...es querer: nuestra cara tras una fiesta, nuestra melena al levantarnos, nuestra capacidad de empezar a vestirnos a la hora de reunirse, nuestra obsesión por las dietas, nuestra bipolaridad cada 28 días, nuestra mirada si miran a otra, nuestra idea del romanticismo, nuestra necesidad de usar tacones aunque duelan, nuestras continuas formas de llamar la atención, nuestras peticiones de sinceridad, nuestra frase "no me pasa nada", nuestra manía de ir de tiendas para desahogarnos, nuestra descarada manera de cotillear, nuestra tensión por no saber qué regalar a un hombre, nuestra postura para cada foto, nuestras ilusiones con todo lo efímero ...

Sí, soy mujer, nos conozco, y asumo todo lo anterior. Ahora bien, esperen, que hay para todos.

¿Hombres? Aún más difíciles, por intentar ser fáciles. Quereros es querer: vuestro saludo cuando no procede,  vuestro silencio cuando debéis hablar, vuestro coqueteo persistente, vuestro copia-pega "te queda bien, llevátelo", vuestro eterno partido de los fines de semana, vuestro sufrimiento al no comprendernos, vuestro comodín de comprar flores o joyas para todo, vuestro interés por el sofá, vuestro defecto de muestra de cariño, vuestro apego a lo caduco, vuestro gusto por hacer fotos en vez de salir en ellas, vuestro desconocimiento en combinar ropa, vuestro no estrés, vuestro interés por ir al gimnasio para luego dejarlo al margen, vuestro simplismo cuando es turno de esforzarse, vuestro olvido de fechas clave...


¿Lo ven? ¿Quién no se identifica? Es una realidad.
Sin embargo...atiendan:
Esos nuestra y vuestro, es un todo en 2 personas, es ser opuestos, es completarse.
Confíen en ello. Alguien les espera.

jueves, 13 de febrero de 2014

La vida es riesgo

Todo, absolutamente todo, puede cambiar en cuestión de segundos. ¿De qué depende? Del riesgo.
Desde que amanece, uno decide arriesgarse, jugársela, apostar...el nombre que quieran darle.
Son infinitas las veces que una persona tiene que decidir, e infinitas son también las resoluciones que ello puede acarrear. Y sin embargo es claro, el previo, la duda, el "y si..." es lo que nos hará errar.
¿Cuántos fallos han sumado por no haber puesto toda la carne en el asador? Modificaré la pregunta, ¿de cuántas de esas ocasiones han aprendido? Si la respuesta es muchos a la primera, y pocas a la segunda, son humanos, y sinceros. Si es la contraria, relean, que ambos sabemos que no dice la verdad.
Teniendo lo anterior en cuenta, hacer un juicio de valor es lo siguiente. "Si caes, te levantas. Luego, si fallas, te aguantas". Es correcto, pero no puede quedarse ahí. Somos una generación nueva, cargada de nuevos presagios y de nuevas herramientas, no podemos cargar con problemas de otras. Partiendo de esa base, la conclusión es luchar. NO sirve de nada, asumir simplemente que algo se ha hecho tarde, y aunque no lo crean, mal, por consiguiente, sino que de una vez por todas, hay que aprehender.
La vida es una, el tren es uno, la persona es una. Eso no quita, que muchos creamos en que por ir contra-natura las oportunidades que se den puedan ser dos, pero eso, dos. No 500. Como no se puede pedir a nadie que cambie, que luche, que deje los "peros", que olvide al resto, habrá que seguir caminando sin esa compañía, porque quizás sea verdad que no cabe en un mismo billete.
Ahora bien, no puede acarrear ese adiós una lágrima, sino una sonrisa porque al menos uno de los dos nunca dejó de lanzarse a la vida sin paracaídas.