jueves, 13 de febrero de 2014

La vida es riesgo

Todo, absolutamente todo, puede cambiar en cuestión de segundos. ¿De qué depende? Del riesgo.
Desde que amanece, uno decide arriesgarse, jugársela, apostar...el nombre que quieran darle.
Son infinitas las veces que una persona tiene que decidir, e infinitas son también las resoluciones que ello puede acarrear. Y sin embargo es claro, el previo, la duda, el "y si..." es lo que nos hará errar.
¿Cuántos fallos han sumado por no haber puesto toda la carne en el asador? Modificaré la pregunta, ¿de cuántas de esas ocasiones han aprendido? Si la respuesta es muchos a la primera, y pocas a la segunda, son humanos, y sinceros. Si es la contraria, relean, que ambos sabemos que no dice la verdad.
Teniendo lo anterior en cuenta, hacer un juicio de valor es lo siguiente. "Si caes, te levantas. Luego, si fallas, te aguantas". Es correcto, pero no puede quedarse ahí. Somos una generación nueva, cargada de nuevos presagios y de nuevas herramientas, no podemos cargar con problemas de otras. Partiendo de esa base, la conclusión es luchar. NO sirve de nada, asumir simplemente que algo se ha hecho tarde, y aunque no lo crean, mal, por consiguiente, sino que de una vez por todas, hay que aprehender.
La vida es una, el tren es uno, la persona es una. Eso no quita, que muchos creamos en que por ir contra-natura las oportunidades que se den puedan ser dos, pero eso, dos. No 500. Como no se puede pedir a nadie que cambie, que luche, que deje los "peros", que olvide al resto, habrá que seguir caminando sin esa compañía, porque quizás sea verdad que no cabe en un mismo billete.
Ahora bien, no puede acarrear ese adiós una lágrima, sino una sonrisa porque al menos uno de los dos nunca dejó de lanzarse a la vida sin paracaídas.

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