No se piensen que realmente es una tontería, porque no tendrían en cuenta, en tal caso, que elegir un atuendo evoca demasiados conceptos. Por un lado, te determina el lugar al que acudas, el evento del que participes, pero, siendo sinceros, y, por desgracia, lo que más nos aflige es "El qué dirán". Es por tanto que son dos cuestiones en una sola, y es tu mentalidad la que se ve condicionada por tales. Y en ese punto radica el error, en conceder a otros, la oportunidad de fijar nuestros límites.
Me considero ese tipo de personas que son ajenas a las modas y que curiosamente, a pesar de mi apariencia, odia ir de tiendas. Ésto, incide directamente en mi modelo a elegir para cada ocasión, porque conscientemente sé que habrá mujeres con mejores galas. Pero, ¿Saben? Cada cual tiene sus preferencias, y nadie más que uno mismo para escoger lo que se nos adecue, no sólo al futuro suceso, sino al presente emotivo en el momento de decidir; porque, tengan en mente que el estado anímico también incide. Además, el estilo es necesario, pero la clave reside en la manera de saber llevar una prenda.
Con todo lo anteriormente expuesto, pretendo hacer hincapié, en que hemos de mantener nuestra esencia en todo momento, y no querer aparentar para contentar al resto, sino que con nuestros principios nos contentemos a nosotros. Si nos hemos de ver en un espejo, pero razonamos que el rostro es el reflejo del alma, lo principal es lucir una sonrisa; el resto, señores, son meros puntos suspensivos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario