Por primera vez desde que me embarqué a redactar estas páginas de mi vida, no escribo motivada por una circunstancia del día de hoy, o a lo más, de la pasada jornada. Por el contrario, me he decidido a plasmar un resumen de las experiencias, los sentimientos y las emociones que me han acompañado desde que mi vida comenzó a cambiar.
Y...¿por qué ahora? ...Supongo que es complejo de entender. Pero he de reconocer que aun hoy, casi 4 meses después de pisar por última vez, como alumna, las aulas y los pasillos que me han visto madurar,crecer, llorar, reír...y sobretodo estudiar; no me acostumbro a ponerme la mochila y no seguir el mismo rumbo .
Sí... por si no se han dado cuenta aún... me posiciono ante un día de esos en los que recuerdas, "con lágrimas mentales", demasiadas cosas... y gritas, por qué no, que eres otra diferente.
Obviamente, lo malo, por mucho que las malas lenguas consideren que se borra... no es cierto. Pero aun así, se añoran ciertos momentos. Y, sí... muchos son de los últimos segundos de mi etapa de bachillerato, donde comencé a encontrarme acogida; y en especial de aquella fiesta de despedida.
No piensen que voy a hablarles de una depresión simplemente pos-escolar, sino también del fenómeno depresivo pos-vacacional que no sólo los adultos padecen. Y en sí... de mi momento de maduración.
Nada como una celebración de la llegada de esa ansiada edad, de forma adelantada, con las personas más importantes en mi vida, con muchas de las cuales he compartido la misma situación, pero en sentido contrario, a lo largo de este año. Sí, gran generación la del 94, he de decirlo.
Por otro lado, afirmo para todos aquellos que reniegan de unas vacaciones con amigos por el miedo a discusiones con motivo de la convivencia, que todo se construye con paciencia, y por ello hemos mejorado como amigos.
He conocido además a personas inolvidables con las que he compartido mi cumpleaños natural, he llegado a "amar" pisar la arena de la playa porque la echaba de menos tras tanto estudio; y he necesitado respirar aire puro a las afueras de "mi tierra". Y ahora, me encuentro , de nuevo, entre grandes personas.
Pero ante todo, el solsticio de verano ha hecho que madure. Desde el mismo día en que cumplí esa mayoría de edad, estoy en mis cabales. Dejar atrás una vida, para iniciar otra, y haber tenido el mejor verano de mi existencia; son los culpables.
He cambiado, lo reconozco. Pero no para mal ni para bien, sino ... hacia delante. La vida sigue, y todas aquellas situaciones y personas que me ponían frenos, he intentado borrarlas de mi mente, porque son muchas las tonterías que he hecho y las que he pensado hacer mil veces debido a ambas, y , hoy; por si alguno considera que sigo siendo una niña inmadura...lo siento, esa puerta, si es que alguna vez estuvo entreabierta, se ha cerrado.
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