Señoras, señores, tengo nuevas noticias.
He realizado un descubrimiento que me ha abierto los ojos y que por fin puede que me acerque un poco a esa magia negra llamada ciencia que tanto odio.
Todo se relaciona, cómo no, con el amor. Eso que muchos piensan que es un juego de azar, va a resultar tener fundamentos. ¡Qué ironía!
En fin, les explicaré.
Parece ser que he logrado comprender por qué aún, y más en estas fechas, sigo prendada de la persona que me robó el corazón años atrás. Me explico. Según unos estudios americanos, la mayor secreción de feromonas se desarrolla en temporadas estivales, y más concretamente en los meses de julio y agosto. Por tanto, se aceptaría como lógico cualquier enamoramiento juvenil , debido a que en estas edades hay, si cabe, mayor producción de tal complejo, y en especial en un primer amor.
De ese modo, cuando se acerca la época en la que pensamos que es sólo nuestro corazón quien nos hace recordar a esa persona, sucede que también es nuestro cuerpo el que se empeña en manifestar esa tensión, que podríamos llamar sexual, y de la que preferiríamos muchas veces no tener constancia.
En conclusión, si en algún momento, han sentido que el amor llama a sus puertas con tanto calor y les agobia en exceso, no se preocupen. ¡Algún día les engañarán con un tratamiento médico, que puede que no les funcione como a una que yo me sé!
Y si tienen alguna queja, no les devolverán el dinero, pero los "guiris" les sacarán del problema con una estadística de afectados y una nueva investigación.
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