En primer lugar, feliz año para mis lectores.
Y ahora, vayamos a lo que nos concierne...
El 2011 ya ha quedado atrás, y, por suerte o por desgracia, ha dejado en mí huellas imborrables. Ésto es debido especialmente a que durante estos 12 meses han entrado y salido de mi vida muchas personas, y es ahora cuando me doy cuenta de que aunque pueda añorar a algunas de las que dije adiós, mis motivos tuve para hacerlo. Y una cosa está clara, no me retracto de nada. Si las coses suceden es por alguna razón, sólo espero que el 2012 me permita ampliar mi círculo de amigos, de esas bellas personas que me rodean, sin dejarme alguno por el camino.
Como cada año, he cumplido sueños, tradiciones, experiencias inolvidables... y la pregunta es, ¿qué me resta de ello si echo la vista atrás? Sencillamente muchos recuerdos, aprendizaje y sobretodo muchas emociones. Y, ¿por qué emociones? Porque creo que el 90% de la gente que ha compartido minutos de ese año que ya se ha marchado, me ha visto llorar, por alegría o tristeza; pero en definitiva llorar. Pensaréis que soy una sentimental y una llorica, y no lo descarto, pero los que me quieren... lo tienen asumido.
Aunque claro está, no os penséis que siempre lloro, porque señores, ¿qué sería de mi sin esas sonrisas cercanas o a distancia? Nada; humo.
Me gustaría pedir al nuevo año, y por qué no, a los Reyes Magos, que este año predominen las sonrisas y las lágrimas de felicidad en mi vida y en la de los que me las puedan provocar. Y puestos a pedir, qué mejor que cumplir otro porcentaje de mis metas , ¿no?
Señores, no dejen de pedir felicidad al 2012, que es gratis :)
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