Curiosamente, los seres humanos somos necios, y chocamos una y otra vez con la misma salida errónea del laberinto, sí señores sí, aunque no lo quieran admitir, a cabezotas no nos gana nadie.
Pero también es cierto, que eso es producto, en numerosas ocasiones, de un cúmulo de baches y de pensamientos que no te permiten ver más allá de cuatro paredes, porque notas que todo se te viene encima y que ese camino, aunque ya resulte repetitivo, puede, ¿por qué no? dejarte acertar esta vez. Pues no... qué casualidad que la ley de causa-efecto, sea verdaderamente cierta o no, al menos como hábito, siempre te deja la misma conclusión.
Tras ensayo-error, ensayo- error, ensayo-error... te preguntas el por qué de tu estupidez por preocuparte por pequeñeces, por buscar salidas a algo que en definitiva o no la tiene, o ni tan siquiera es importante buscarla...
Aunque claro, eso no lo adivinas tú sólo, sino que hace falta algo, o mejor dicho alguien, que te ayude a ver las cosas claras, a ponerte un límite, a quitarte tonterías de la cabeza... en definitiva, a enseñarte esa puerta que nunca vemos.
Y eso, señores, se llama amigo. Y les aviso, aprovechen que yo ya guardo algunos en mi colección, y no están repetidos como los cromos, son originales.
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