martes, 9 de julio de 2013

Nada de tablas, espalda.

Ganar o perder, en la vida real no existen empates.
Cuando una persona se esfuerza por otra, se empeña en que todo funcione, se enfoca sólo en una felicidad del conjunto o, incluso, del otro antes que de uno mismo...lo mínimo que espera, no es recibir igual trato, pero qué menos que un sencillo reconocimiento. 
Si damos de más...recibimos de menos. Nunca comprenderé la causa, pero es lo que suele ocurrir, y a nadie le agrada. Es injusto...pero es la cruda realidad.
Nos pasamos la vida pensando en los demás, y no nos sale a cuenta. ¿Por qué seguir así? ¿No es hora ya de dar la patada a esos individuos y que por una vez no sean ellos los que venzan? ¡Qué vida ésta! 
Estas líneas tienen su origen, por supuesto, pero creo que generalizar siempre es más rentable. Resumamos en tener esperanzas en alguien y ver como se esfuman por ver que no le importas tanto como tú creías, y ni comparable a lo que significa ese mismo. Así, breve y conciso. ¿Pruebas? Pedir algo, y obtener un no por respuesta, camuflado en una excusa barata de esas de duele lo mismo pero suena mejor, que creemos que todo arreglan, y,  por el contrario, lo empeoran. 
No crean que hablo sólo de amor, de ese de películas que siempre llega a buen puerto, ni de amistades de esas que se solucionan en una fiesta, expongo cualquier relación del tipo que sea, que fragua porque no funcionan los engranajes que la componen por los motivos ya mostrados...cosas que pasan. 
Es momento de levantarse, quedarse con personas que se cuentan con una mano, y despedir al resto. 
Tiempo empleado, tiempo gastado, tiempo que no volverá.  

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